Acné
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - L70
CIE 10 - L70
Considerada la enfermedad de la piel más común en la adolescencia, el acné vulgar comienza en la pubertad y puede extenderse hasta la tercera década de la vida. Sin embargo, también puede aparecer más tarde, a veces asociada a problemas hormonales como, por ejemplo, el síndrome de ovarios poliquísticos.
Generalmente se presenta como puntos negros y espinillas, pero en algunos casos aparecen lesiones más grandes —y a veces más severas— que pueden causar problemas psíquicos y sociales en los adolescentes. La ausencia de un tratamiento adecuado puede dejar cicatrices antiestéticas y de difícil tratamiento.
Por influencia hormonal durante la adolescencia, hay un aumento en la actividad y el tamaño de la glándula sebácea. Como consecuencia, también aumenta la oleosidad de la piel. Asociado a este hecho, a veces ocurre un engrosamiento de la capa más superficial de la piel.
Como resultado, se forman pequeñas masas de queratina (sustancia dura e impermeable al agua, de naturaleza proteica, presente en las uñas, el vello y la piel) y sebo, que obstruyen los poros. Entonces aparecen los comedones (o puntos negros).
Por acción de los gérmenes de la flora bacteriana normal de la piel sobre el sebo (gérmenes que normalmente habitan la piel), se liberan ácidos grasos libres (sustancias presentes en nuestro organismo, derivadas de la descomposición química de las grasas). Esto irrita la piel y causa la aparición de pequeñas lesiones enrojecidas. En contacto con la queratina y el sebo, tales lesiones forman espinillas amarillentas con secreción purulenta —o, cuando son más profundas, quistes y abscesos.
Tanto los hombres como las mujeres producen hormonas andrógenas, involucradas en el desarrollo del acné. En la mayoría de los casos, las mujeres que padecen acné no presentan trastornos hormonales. Sin embargo, ya se ha demostrado que la piel de las personas con acné tiene la capacidad de metabolizar (transformar) la hormona masculina a tasas superiores a lo normal, existiendo, por lo tanto, una alteración en la respuesta hormonal de la glándula sebácea (glándula que produce sebo o grasa). Las hormonas femeninas, por su parte, disminuyen la formación de secreción sebácea.
El acné se debe a la acción hormonal, pero puede ser desencadenado o agravado por algunos medicamentos. También existe un factor genético involucrado.
El uso de pomadas, cremas, inyecciones o comprimidos a base de corticoides, así como medicamentos utilizados en el tratamiento de la tuberculosis y la epilepsia, pueden empeorar un cuadro existente o favorecer la aparición del acné, al igual que el yodo, el cloro y el bromo. La vitamina B12 también tiene el poder de agravar o desencadenar el acné.
El estado emocional y, en las mujeres, la proximidad de la menstruación contribuyen a la aparición del problema.
Cremas, pomadas y cosméticos grasos seguramente empeoran el acné. La manipulación de las lesiones por parte del paciente o de un profesional no calificado es otro factor agravante: el acto de “exprimir” espinillas o puntos negros puede dejar manchas residuales e incluso cicatrices en la piel.
El acné se caracteriza por la aparición de puntos negros, espinillas, quistes e incluso abscesos en la piel, según la intensidad del caso. Estas manifestaciones suelen surgir en el rostro, el pecho, los hombros o la espalda, junto con un aumento de la oleosidad de la piel. Los puntos negros son oscuros (si están cerrados) o claros (si están abiertos). Las manifestaciones más graves, los quistes, pueden drenar pus, dejando a veces cicatrices elevadas o deprimidas.
De acuerdo con el predominio de uno o más tipos de lesiones, el acné se clasifica en cuatro grados, en escala ascendente:
En primer lugar, es importante no “exprimir” la lesión, con el fin de evitar la formación de cicatrices. En caso de haber iniciado un tratamiento, conviene realizar mantenimientos regulares hasta que, con el paso de los años, los síntomas desaparezcan de forma natural.