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Aneurisma Cerebral y Hemorragia Subaracnoidea

Glosario de Salud del Hospital Einstein

CIE 10 - I60 / I671

  • Sintoma

¿Qué es?

El aneurisma cerebral es una dilatación anormal en la pared de una arteria del cerebro. Se forma cuando el flujo sanguíneo ejerce presión sobre una región debilitada de la arteria, creando una protuberancia de forma redondeada o irregular que crece gradualmente.

Los aneurismas pueden romperse, provocando una hemorragia dentro de las meninges (las membranas que recubren el cerebro), lo que se conoce como hemorragia subaracnoidea. Esta es una forma de accidente cerebrovascular (ACV) y representa aproximadamente el 5% de todos los casos de ACV.

Tipos

Aneurisma sacular, fusiforme y roto

Causas

Los aneurismas pueden desarrollarse cuando existen zonas debilitadas en la pared de las arterias, que con el tiempo se dilatan, o como consecuencia de un traumatismo físico en la cabeza.

Los factores de riesgo para una hemorragia subaracnoidea incluyen tabaquismo, hipertensión arterial, consumo excesivo de bebidas alcohólicas y trastornos como el síndrome de Marfan, en el que las arterias presentan irregularidades y pueden estar debilitadas.

Síntomas principales

La mayoría de los pacientes con aneurismas cerebrales no presentan síntomas. Algunas personas pueden tener un aneurisma durante muchos años sin saberlo.

Sin embargo, cuando hay un aumento significativo del aneurisma, puede haber compresión de estructuras dentro del cráneo. Esta compresión puede provocar dolores de cabeza, dolor ocular y visión borrosa. Buscar atención médica de inmediato al aparecer estos síntomas puede ser clave para evitar la ruptura del aneurisma y preservar las funciones cerebrales.

Cuando ocurre la ruptura, se produce una hemorragia subaracnoidea. La sangre se dispersa por las meninges (membranas que cubren el cerebro) y provoca señales como dolor de cabeza intenso y repentino, náuseas y vómitos, confusión mental, déficits neurológicos, alteraciones en los latidos del corazón y en la respiración, llegando incluso a la pérdida de conciencia y la muerte.

Diagnóstico

En gran parte de los casos, el paciente descubre el aneurisma durante un examen realizado para investigar alguna queja neurológica o en chequeos de rutina.

Exámenes de imagen como la angiorresonancia magnética, la angiotomografía cerebral o la angiografía pueden identificar la localización y el tamaño del aneurisma. En caso de sospecha de hemorragia subaracnoidea y si los exámenes de imagen no muestran alteraciones significativas, se puede realizar una punción del líquido cefalorraquídeo —el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal— para investigar si ha habido sangrado subaracnoideo.

Tratamiento

No todos los aneurismas necesitan tratamiento. Cuando se detecta un aneurisma cerebral, se debe realizar un análisis cuidadoso del historial del paciente para definir la necesidad de intervención.

En caso de optar por una intervención, se puede realizar una microcirugía, en la que se abre el cráneo y se coloca un clip metálico en la base del aneurisma, o se puede utilizar el método endovascular, en el que un diminuto catéter avanza por las arterias desde la ingle hasta el cerebro y se posiciona dentro del aneurisma. A través de este catéter se implantan microespirales de platino para rellenarlo. En ambos casos, el objetivo es obstruir la circulación de sangre dentro del aneurisma.

En los pacientes que han sufrido una hemorragia subaracnoidea, los aneurismas deben ser siempre tratados, y las secuelas y la recuperación varían según la gravedad del caso.

Prevención

Además de evitar el consumo de cigarrillos, las personas con antecedentes familiares deben realizar consultas médicas regulares para seguimiento, controlar los niveles de presión arterial y evitar el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

Incidencia

La hemorragia subaracnoidea (HSA) no traumática relacionada con la ruptura de aneurismas cerebrales presenta una incidencia muy variable en todo el mundo, que va desde 2 casos por cada 100.000 personas en China hasta 22,5 casos por cada 100.000 personas en Finlandia.

Algunos estudios sugieren una incidencia anual de HSA en los Estados Unidos de 9,7 casos por cada 100.000 personas, y una muestra nacional de pacientes hospitalizados con HSA indica una incidencia anual de 14,5 altas por cada 100.000 adultos.

Como una parte de los fallecimientos por HSA ocurre antes de la admisión hospitalaria —aproximadamente entre el 12 y el 15%—, la incidencia real probablemente sea aún mayor.

La ruptura de un aneurisma se reporta con una tasa de 5 a 8 casos por cada 100.000 habitantes anualmente en los EE. UU., con un pico de incidencia alrededor de la quinta década de vida. En Brasil, las tasas de incidencia son comparables a las de EE. UU., aunque hay menos estudios poblacionales que respalden estas estadísticas. La hemorragia subaracnoidea es claramente más común en mujeres que en hombres, y las personas negras e hispanas se ven más afectadas que las caucásicas. Por otro lado, los aneurismas no rotos parecen afectar al 2-5% de la población general.

La mortalidad de esta enfermedad sigue siendo alta, a pesar de la disminución observada en países industrializados en las últimas décadas. Las tasas medias de mortalidad en EE. UU. se estiman en un 32%, comparadas con un 43% en Europa y un 27% en Japón.

A nivel mundial, estas tasas están influenciadas principalmente por la calidad y el acceso al sistema de salud local, así como por la disponibilidad y el uso del servicio de verificación de causa de muerte mediante autopsia.

Por el Consejo Editorial Einstein