Dolor de cabeza
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - R51
- Sintoma
CIE 10 - R51
Según datos de la Sociedad Brasileña de Cefalea, el 95% de las personas sufre dolor de cabeza al menos una vez en la vida. De ese grupo, el 70% de las mujeres y el 50% de los hombres padecen este mal al menos una vez al mes. Además, hay 13 millones de brasileños que enfrentan el dolor 15 o más días al mes, lo que caracteriza una cefalea crónica, una enfermedad que puede ser incapacitante, impidiendo que la persona realice sus actividades cotidianas.
Estas cifras explican por qué el dolor de cabeza es una de las principales quejas que llevan a las personas a las salas de urgencias, y por qué muchos abusan de la automedicación con analgésicos o peregrinan por médicos de diferentes especialidades hasta llegar al neurólogo.
“El primer paso es distinguir las cefaleas primarias, que son la enfermedad en sí, de las secundarias, que son síntomas de otras enfermedades, incluidas enfermedades graves como tumores, accidentes cerebrovasculares (ACV) y meningitis”, afirma la Dra. Gisele Sampaio, neuróloga del Hospital Israelita Albert Einstein. “Por eso es importante que en las salas de urgencias haya médicos capacitados para identificar las posibles causas del dolor de cabeza. En el Einstein, contamos con un neurólogo en el hospital a tiempo completo, y los casos sospechosos de cefaleas secundarias vasculares, como en la hemorragia subaracnoidea, siempre se evalúan de inmediato. Pero no todas las unidades de emergencia cuentan con este especialista”, observa el Dr. Rodrigo Thomaz, también neurólogo del Einstein.
Las cefaleas primarias más comunes son las de tipo tensional y la migraña. “La primera es un dolor más difuso en todo el cráneo. La segunda es un dolor generalmente pulsátil en un lado de la cabeza, más intenso, a veces acompañado de síntomas como náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia”, explica el Dr. Rodrigo. En algunos pacientes, la migraña es precedida por el “aura” (síntomas que anteceden al dolor), que puede ser visual, motora o sensitiva.
Contrario a lo que muchos creen, la migraña no está relacionada con problemas vasculares u oftalmológicos, sino con un desequilibrio de neurotransmisores, sustancias que permiten la comunicación entre las neuronas. “Posiblemente, la persona ya nace con una predisposición genética. El historial familiar está muy presente en los casos de migraña”, dice la Dra. Gisele.
El diagnóstico de la cefalea es clínico. Los exámenes de imagen se solicitan solo cuando hay sospecha de que el dolor pueda ser síntoma de otra enfermedad, es decir, que se trate de una cefalea secundaria. “Las migrañas, por ejemplo, son más comunes en personas jóvenes. Cuando un paciente fuera de ese grupo etario presenta una primera crisis, el médico se preocupa de que no se trate de una migraña. En ese caso, exámenes como resonancia magnética, tomografía y análisis de líquido cefalorraquídeo son importantes para descartar otras causas, no para confirmar la migraña”, afirma la Dra. Gisele.
En casos más leves y ocasionales, los analgésicos comunes suelen resolver el problema. Sin embargo, la facilidad de acceso a estos medicamentos y la práctica de la automedicación pueden generar efectos contrarios a los deseados por los pacientes. “Recurrir constantemente a los analgésicos es un riesgo: el abuso de estos medicamentos es una de las principales causas de la cefalea crónica”, alerta el Dr. Rodrigo.
Durante las crisis, los médicos suelen indicar, además de analgésicos, antiinflamatorios y, en el caso específico de la migraña, triptanos. En mujeres que presentan dolor de cabeza asociado a la fase premenstrual, también suelen ayudar medicamentos específicos. Pero en pacientes que tienen más de tres crisis al mes, el enfoque es profiláctico, con el objetivo de evitar que el dolor ocurra. En estos casos, se administran antidepresivos, anticonvulsivos, antihipertensivos y antivertiginosos en dosis más bajas que las indicaciones primarias de estos medicamentos. Aunque existen estudios sobre medicamentos preventivos específicos para la migraña, aún se encuentran en fase experimental.
También existen formas más simples de prevención. Una de ellas es identificar —y evitar— los elementos que actúan como desencadenantes del dolor, como ciertos tipos de alimentos y bebidas: quesos, vinos, comidas grasosas, etc. Una buena alimentación, evitar el cigarrillo, la actividad física y prácticas para combatir el estrés, como la relajación, el yoga y la meditación, también son siempre buenos remedios para una vida saludable.