Espasmo hemifacial
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - G513
CIE 10 - G513
Es una contracción muscular involuntaria de los músculos de un lado del rostro (cara), inervados por el nervio facial. Provoca contracciones de tipo tónicas y/o clónicas, que a menudo se confunden con tics motores.
El tipo principal es de naturaleza idiopática, es decir, sin una causa definida. Sin embargo, existen casos que ocurren después de una parálisis facial periférica, que son secundarios a malformaciones vasculares y, excepcionalmente, a tumores.
No se conoce exactamente la causa. Se cree, por ejemplo, que el tamaño de la bóveda craneal podría ser un factor de riesgo, ya que cráneos más pequeños (especialmente una fosa posterior reducida) podrían dejar al nervio facial más vulnerable a la compresión por estructuras vasculares, como las asas de la circulación posterior.
Estas asas vasculares, por otro lado, se vuelven más evidentes y excesivamente tortuosas en pacientes con hipertensión arterial. No es casualidad que la hipertensión sea otro factor de riesgo conocido para el desarrollo del espasmo hemifacial.
Los principales síntomas son los movimientos involuntarios del rostro, que incluso pueden dificultar la visión, ya que el músculo orbicular de los ojos, que cierra los párpados, puede permanecer cerrado la mayor parte del tiempo. Es importante señalar que este es el único movimiento involuntario que no desaparece durante el sueño.
El diagnóstico es esencialmente clínico, basado en la correcta valoración de los signos y síntomas descritos. El profesional más capacitado para esta interpretación es el médico neurólogo, quien puede diferenciar esta enfermedad de otras que también afectan involuntariamente los movimientos del cuerpo, en particular del rostro.
Entre los diagnósticos diferenciales que deben considerarse se destacan: tics, blefaroespasmo, discinesias tardías, sincinesias faciales, mioquimias, entre otros. Los exámenes complementarios, como la tomografía cerebral, la resonancia magnética, la electroneuromiografía facial, etc., se utilizan únicamente para evaluar otros diagnósticos diferenciales.
El tratamiento estándar es la aplicación de toxina botulínica tipo A. El procedimiento es relativamente sencillo, pero requiere un profesional capacitado, normalmente un neurólogo. Se inyectan cantidades ideales de toxina en diferentes puntos de la hemicara para detener los movimientos involuntarios del rostro. En general, las aplicaciones se realizan cada 4 o 6 meses, dependiendo del caso.
Los resultados de la aplicación de toxina botulínica son superiores a todas las formas de tratamiento con medicamentos. Los efectos adversos más comunes de la aplicación de toxina botulínica en el rostro están relacionados con parálisis no deseadas de músculos faciales, lo que puede provocar caída del párpado o asimetrías faciales.
Nuevamente, con profesionales bien capacitados, los riesgos disminuyen considerablemente. En casos seleccionados, pueden realizarse cirugías con técnicas de descompresión del nervio facial.
No hay forma de prevenirlaprevenirlo. Lo más importante actualmente es identificar precozmente a los pacientes que presentan este movimiento involuntario y ofrecer el tratamiento estándar con toxina botulínica.