Hepatitis B
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - B16
CIE 10 - B16
La hepatitis B es una enfermedad infecciosa causada por el virus B (VHB), que provoca la inflamación de las células del hígado (hepatitis). Como el VHB está presente en la sangre, el semen y la leche materna, la hepatitis B se considera una enfermedad de transmisión sexual.
Entre las causas de transmisión se encuentran:
Importante: la probabilidad de transmisión del VHB es mucho mayor que la del virus del SIDA, aproximadamente un 30%.
La hepatitis B es endémica en Brasil, con una distribución bastante heterogénea, siendo más prevalente en las regiones norte y sudeste, a pesar de la introducción de la vacuna en la Amazonía en 1989 y de los esfuerzos progresivos de inmunización y prevención en el Sistema Único de Salud (SUS). Se estima que el 15% de la población brasileña ya ha sido infectada y que el 1% es actualmente portador crónico de la enfermedad.
La hepatitis B puede presentarse como hepatitis aguda (duración inferior a seis meses) o crónica.
En la forma aguda, que representa la mayoría de los casos, el período de incubación varía entre 30 y 180 días. Los primeros síntomas incluyen malestar general, dolores corporales, falta de apetito y fiebre, seguidos por ictericia (coloración amarilla de la piel), picazón en el cuerpo, orina oscura y heces claras. Estas manifestaciones suelen desaparecer en aproximadamente seis semanas, y en la mayoría de los casos, el paciente queda inmune al virus.
La evolución hacia la forma crónica depende de la edad en la que ocurre la infección y de la inmunidad de la persona. Los niños son los más afectados: en aquellos menores de un año, el riesgo alcanza el 90%; entre uno y cinco años, varía entre el 20% y el 50%. En adultos, el índice cae al 5%–10%. Además, se observa con mayor frecuencia en personas que consumen bebidas alcohólicas y en inmunocomprometidos. En la forma crónica, normalmente no hay síntomas.
El diagnóstico de la hepatitis B se realiza mediante un análisis de sangre específico (serología viral), además del recuento viral. Tras un resultado positivo, el médico indicará el tratamiento adecuado. En las formas crónicas, puede haber evolución hacia la cirrosis (formación de cicatrices en el hígado con deterioro de su función, causada en este caso por la inflamación crónica del virus de la hepatitis B, o secundaria a otras causas como el consumo de alcohol, hepatitis C, hepatitis autoinmune, etc.) y al desarrollo de cáncer. En estos casos, puede ser necesario complementar con otros exámenes como imágenes del hígado (tomografía o ecografía abdominal) o incluso una biopsia hepática. Actualmente, también se pueden utilizar pruebas no invasivas que determinan la cantidad de fibrosis, como la elastografía por Fibroscan® o la elastografía por resonancia, entre otras, evitando o postergando la biopsia.
La mejor manera de prevenir la hepatitis B es mediante la vacunación. La vacuna se administra a quienes aún no han desarrollado la enfermedad. La vacuna contra la hepatitis B es segura y eficaz, y generalmente se aplica en 3 a 4 dosis durante un período de 6 meses. Después de recibir las tres dosis, la vacuna proporciona más del 90% de protección para bebés, niños y adultos. Todos los niños deben recibir la primera dosis al nacer y completar la serie de tres dosis antes de los seis meses de vida. Los adultos no vacunados deben actualizar sus vacunas. Las personas con alto riesgo de contagio, incluidos los profesionales de la salud y quienes viven con alguien que tiene hepatitis B, también deben vacunarse. Los recién nacidos cuyas madres están infectadas con hepatitis B deben recibir una inmunización especial, que incluye inmunoglobulina contra la hepatitis B y la vacuna contra la hepatitis B en las primeras 12 horas de vida. El tamizaje de toda la sangre donada ha reducido las posibilidades de contagio por hepatitis B en transfusiones. La notificación obligatoria de la enfermedad permite que los profesionales de la salud hagan el seguimiento de las personas expuestas al virus. La vacuna o la inmunoglobulina contra la hepatitis B (HBIG) pueden ayudar a prevenir la infección si se aplican hasta 24 horas después de la exposición.
Las orientaciones de prevención de las hepatitis virales deben compartirse con los contactos domiciliarios y las parejas sexuales. La prevención requiere actitudes y prácticas seguras, como el uso adecuado del preservativo y no compartir instrumentos cortopunzantes ni objetos de higiene personal, como cepillos de dientes, alicates de uñas, cuchillas de afeitar o depilar. La Organización Mundial de la Salud recomienda que las madres portadoras de hepatitis B crónica continúen con la lactancia (en caso de duda, consulte al especialista).
Para el tratamiento de las formas agudas, además de los medicamentos (cuando son necesarios), se recomienda suspender el consumo de bebidas alcohólicas y utilizar medicamentos para aliviar síntomas como vómitos y fiebre.
Las indicaciones para el tratamiento en las formas crónicas dependen de la presencia o ausencia de cirrosis, de la replicación viral (multiplicación del virus en la sangre) y de las condiciones clínicas del paciente. Actualmente, existen varios medicamentos disponibles, conocidos como antivirales (entre ellos: interferón, lamivudina, tenofovir y entecavir), en su mayoría de uso oral (excepto el interferón, que es de uso subcutáneo), que pueden ser utilizados y están disponibles a través del SUS. En los casos más graves, cuando la cirrosis ya está instalada o aparece el cáncer, puede ser necesario un trasplante de hígado.