Infección urinaria
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - N39
CIE 10 - N39
El sistema urinario está compuesto por los riñones (órganos responsables de la producción de orina), los uréteres (que transportan la orina desde los riñones hasta la vejiga), la vejiga (donde se almacena la orina) y la uretra (el “canal” por donde la orina sale de la vejiga y del cuerpo).
La infección urinaria es una condición médica causada por bacterias, virus, hongos u otros microorganismos que penetran en el sistema urinario, se multiplican dentro de él y provocan alteraciones, como inflamaciones.
Los principales síntomas de una infección urinaria son:
Las infecciones urinarias tienen varias causas, siendo la presencia de bacterias en el sistema urinario la más común. Son más frecuentes en mujeres debido al corto tamaño de la uretra. En los hombres, generalmente están relacionadas con alguna condición que afecta el vaciamiento y la función miccional (función de la vejiga).
La presencia de un germen en la orina por sí sola no caracteriza una infección. Existen situaciones y condiciones que pueden estar relacionadas con el desarrollo de una infección, como:
El diagnóstico de una infección urinaria lo realiza un profesional de la salud con base en una combinación de síntomas, exámenes clínicos y pruebas de laboratorio. Generalmente, se realiza un examen físico dirigido en busca de signos de secreción uretral o vaginal, así como para evaluar posibles complicaciones de la infección urinaria.
Un análisis de orina y un urocultivo (para identificar la presencia de bacterias en el sistema urinario) son importantes para confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento. Además de diagnosticar la infección, es fundamental intentar entender si existe alguna causa desencadenante.
El tratamiento de la infección urinaria implica el uso de antibióticos o medicamentos antifúngicos (utilizados para enfermedades causadas por hongos). En general, el tratamiento se inicia de forma empírica con antibióticos que suelen ser efectivos contra bacterias comunitarias.
El urocultivo y el antibiograma siempre deben ser revisados para evaluar si es necesario modificar la estrategia de tratamiento. Aumentar el consumo de agua según la cantidad indicada por el profesional de salud es importante para ayudar a diluir la orina y eliminar las bacterias. En casos de infecciones graves, especialmente aquellas que afectan los riñones, puede ser necesaria la hospitalización.
Es esencial buscar atención médica ante la sospecha de una infección urinaria, ya que el tratamiento adecuado es importante para prevenir complicaciones y garantizar la resolución del problema.
Siempre que sea posible, se recomienda realizar un urocultivo de control para asegurarse de que la infección haya sido completamente tratada.
La prevención de la infección urinaria implica adoptar medidas y hábitos que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar esta condición, como los siguientes:
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