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Polineuropatía amiloidótica familiar

Glosario de Salud del Hospital Einstein

CIE 10 - E85.1

¿Qué es la polineuropatía amiloidótica familiar?

La enfermedad fue descrita inicialmente por el Dr. Corino de Andrade en Portugal y, como generalmente comienza con dolor y pérdida de fuerza en las piernas y los pies, se hizo conocida como la “enfermedad de los piececitos”. Se trata de una enfermedad hereditaria (transmitida por los genes afectados del padre o la madre a los hijos), rara y degenerativa, que causa una acumulación de proteínas anormales (sustancia amiloide) en los órganos y nervios del cuerpo. Esto afecta la sensibilidad de la piel y provoca dolores intensos en las extremidades inferiores como manifestación inicial en la mayoría de los casos.

Incidencia

Esta sustancia amiloide se forma debido a una alteración genética en la transtiretina (TTR), con la sustitución de la metionina por valina en la posición 30 de la proteína transtiretina (TTR), conocida como Val30Met o V30M. Esta mutación es responsable de la variante portuguesa de la enfermedad, la forma más común en Brasil debido a nuestra colonización portuguesa. Sin embargo, ya se han descrito más de 100 mutaciones en todo el mundo, y algunas de ellas también se han encontrado en Brasil. Esta proteína mutada es producida principalmente por el hígado (95%), y el resto por la retina y el plexo coroideo en el cerebro.

Actualmente, se estima que hay unos 10 mil portadores de polineuropatía amiloidótica familiar (PAF) en el mundo. Los principales focos se encuentran en el norte de Portugal (Póvoa de Varzim y Vila do Conde), donde su prevalencia alcanza 1/1.100, además de Suecia, Japón y Brasil.

La edad de inicio de los síntomas de la PAF del tipo portugués varía. Es más frecuente entre los 25 y 35 años, pero puede comenzar más tardíamente, después de los 50 años.

Síntomas

El cuadro clínico y los síntomas también varían entre los portadores de la PAF, y aparentemente factores genéticos y ambientales influyen en el curso de la enfermedad. Con la progresión, lleva a una incapacidad física y requiere cuidados médicos multidisciplinarios constantes, llevando inexorablemente a la muerte si no se trata (tratamiento de la causa subyacente), en un período de siete a diez años.

Existen casos asintomáticos, es decir, el individuo posee el gen alterado de la TTR pero no desarrolla la enfermedad, falleciendo por otras causas. Sin embargo, por tratarse de una enfermedad autosómica dominante, investigaciones recientes indican que existe una alta probabilidad de que la persona portadora del gen manifieste la enfermedad antes de los 60 años (en aproximadamente el 87% de los casos).

Los principales síntomas están relacionados con la polineuropatía periférica, con afectación de los nervios sensoriales y motores, inicialmente en las extremidades inferiores y posteriormente en las superiores. Se caracteriza por dolores, ardor, pinchazos, descargas eléctricas, sensación de agujas, parestesias, hormigueo, pérdida de sensibilidad (primero a la temperatura y luego al dolor) con progresión, debilidad, atrofia muscular, parálisis e incapacidad para caminar.

La afectación del sistema nervioso autónomo (parte del sistema nervioso que controla funciones vegetativas como la respiración, circulación sanguínea, control de temperatura y digestión) puede provocar disfunciones del aparato gastrointestinal (estreñimiento, diarrea crónica, mala absorción de nutrientes, náuseas, falta de apetito, vómitos), disfunciones del sistema genitourinario (afectando la vejiga, causando incontinencia o retención urinaria e impotencia sexual) e hipotensión ortostática (descenso brusco de la presión arterial al ponerse de pie o levantarse rápidamente, lo que puede causar mareos y desmayos). Con el tiempo, otros órganos también pueden verse afectados, como los ojos, el corazón, los riñones y el cerebro.

Diagnóstico

El diagnóstico, cuando es realizado por un médico especializado y familiarizado con la enfermedad, suele ser rápido. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad rara, muchas veces los pacientes tardan años en obtener una confirmación diagnóstica. En general, hay antecedentes familiares de la enfermedad.

El gen mutado de la PAF se detecta mediante el análisis de la secuencia del ADN, utilizando la técnica de PCR (reacción en cadena de la polimerasa), a partir de sangre o células de las mucosas. Es necesario tener más de 18 años y buscar asesoramiento genético para realizar este examen. La confirmación del depósito de sustancias amiloides puede identificarse mediante biopsia de tejidos (glándulas salivales, tejido subcutáneo, nervios o intestino). Exámenes neurológicos que detectan daños en los nervios periféricos, como la electroneuromiografía, confirman el compromiso de los nervios.

Tratamiento

El tratamiento de los síntomas y secuelas de la PAF involucra un equipo multidisciplinario, con el apoyo de médicos, fisioterapeutas, psicólogos, entre otros. El asesoramiento genético es fundamental para prevenir la transmisión de la enfermedad a los hijos y siempre debe ser orientado y acompañado por un médico especializado. El uso de medicamentos sintomáticos puede ayudar, especialmente en relación con los dolores en las piernas, problemas digestivos, diarrea o estreñimiento intestinal.

El trasplante de hígado es una opción terapéutica, ya que elimina el órgano que produce la mayor parte de la sustancia anómala, deteniendo así la progresión de la enfermedad. Sin embargo, se trata de una cirugía compleja que también puede acarrear problemas a largo plazo.

En 2011, el Tafamidis, un nuevo medicamento que actúa estabilizando la TTR mutada, fue aprobado para su comercialización por la Agencia Europea de Medicamentos como el primer fármaco para el tratamiento de la PAF. En noviembre de 2016 obtuvo su registro en Brasil (Anvisa) y en 2018 fue incorporado al SUS. Recientemente, se han probado nuevas terapias, entre ellas medicamentos que estabilizan, inhiben o eliminan la TTR mutada, abriendo nuevos horizontes para el tratamiento de esta enfermedad.

Por el Consejo Editorial Einstein