Angina
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - I20
CIE 10 - I20
La angina de pecho (angina pectoris) es la descripción utilizada para caracterizar el dolor torácico causado por la falta de sangre (isquemia) que afecta al músculo cardíaco. La angina está casi siempre relacionada con enfermedades que provocan obstrucción en las arterias responsables de llevar sangre al corazón, las coronarias.
La principal causa de la angina es la denominada aterosclerosis, es decir, la acumulación de placas de grasa dentro de los vasos sanguíneos (coronarias) responsables de llevar sangre al músculo del corazón. En situaciones en las que la obstrucción alcanza más del 70% del diámetro del vaso, el corazón, al ser sometido a una demanda aumentada, como el esfuerzo físico o el estrés emocional, recibe una cantidad insuficiente de oxígeno para esa demanda, lo que lleva a la llamada isquemia y, con ello, a la angina de pecho. La aterosclerosis, a su vez, es multifactorial, estando principalmente relacionada con otras enfermedades o factores de riesgo, como la edad avanzada, hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo, antecedentes familiares y sedentarismo.
La angina se manifiesta como una sensación de dolor o malestar en el centro del pecho, de localización poco definida, comúnmente descrita como opresión, peso, sofocación, ardor o estrangulamiento.
Suele desencadenarse por esfuerzo físico, estrés emocional o frío intenso, y se alivia con el reposo, ocurriendo en crisis que duran entre cinco y quince minutos. Puede irradiarse hacia el cuello, brazo, hombros, mandíbula o, más raramente, hacia la espalda.
Síntomas como náuseas, indigestión, sudor frío, dificultad para respirar y palidez pueden acompañar las crisis. Un dolor de localización muy bien definida (señalado con la punta de un dedo) o de duración muy breve (solo unos segundos) generalmente no es angina.
En los casos en que el dolor ocurre de manera intensa, súbita y muy prolongada, es probable que la persona esté sufriendo un infarto de miocardio, una manifestación grave que indica una obstrucción súbita y total de un vaso del corazón y requiere atención médica inmediata debido al riesgo inminente de muerte o complicaciones graves.
El diagnóstico es inicialmente clínico, basado en los síntomas y factores de riesgo presentados por el paciente, y luego se utilizan algunos exámenes para investigar la causa y confirmar el diagnóstico.
Pueden utilizarse pruebas de esfuerzo, como la prueba ergométrica, en la que el paciente realiza un esfuerzo físico controlado en una cinta mientras una máquina (electrocardiograma) registra los latidos del corazón y detecta señales de isquemia cuando el corazón alcanza un determinado nivel de aceleración. También pueden utilizarse con el mismo propósito el ecocardiograma de esfuerzo y la gammagrafía con medicina nuclear, siendo que en determinadas situaciones se emplean sustancias que provocan estrés en el corazón en personas que no pueden ejercitarse (estrés farmacológico).
El examen que confirma de forma definitiva si la persona presenta obstrucción en las arterias coronarias es el cateterismo cardíaco. En algunos casos, más recientemente, ha ganado espacio la tomografía computarizada de las arterias coronarias. Estos dos últimos exámenes tienen como desventaja el uso de contraste a base de yodo.
Además del tratamiento de los factores de riesgo (control de la presión arterial y la diabetes, cese del tabaquismo), existen varios medicamentos capaces de aliviar los síntomas e incluso reducir el riesgo de muerte o infarto en pacientes con angina.
Para el alivio inmediato, se utilizan los nitratos, medicamentos que dilatan los vasos del corazón y se administran por vía sublingual durante las crisis de angina. Para prevenir la aparición de las crisis, se usan comúnmente los betabloqueadores, fármacos que reducen la frecuencia cardíaca y conservan la energía del corazón en situaciones de alta demanda, disminuyendo así la isquemia.
En casos más graves, pueden realizarse intervenciones para desobstruir las arterias bloqueadas. Una de ellas es la angioplastia, procedimiento en el cual un globo dilata, mediante el propio cateterismo, el vaso obstruido, colocándose una estructura metálica (stent) para mantener el vaso abierto. Otra alternativa es la cirugía de revascularización miocárdica, en la que se utilizan injertos (vasos extraídos o desviados del propio paciente, como la vena safena) para crear nuevas vías que permitan que la sangre llegue adecuadamente al músculo cardíaco, desviando la obstrucción.
Cada procedimiento tiene ventajas y desventajas que deben discutirse caso por caso con el médico, el paciente y sus familiares. Cabe destacar que el procedimiento no tiene sentido si no se combaten los factores de riesgo. Tampoco existe evidencia científica de que estos procedimientos deban realizarse rutinariamente en personas asintomáticas, solo por la presencia de la obstrucción. En todos los casos, independientemente del tratamiento, la persona con obstrucción en las coronarias debe tomar ácido acetilsalicílico (AAS – Aspirina) de forma indefinida, para evitar la formación de coágulos dentro de las coronarias y así prevenir la ocurrencia de un infarto de miocardio.
La prevención de la angina implica la adopción de hábitos saludables, como una alimentación equilibrada, la práctica de ejercicio físico y evitar el tabaquismo, además del tratamiento precoz de los factores de riesgo, especialmente la diabetes, la hipertensión arterial y el colesterol alto.
En Brasil, datos del Departamento de Informática del Sistema Único de Salud (DATASUS) muestran que las enfermedades cardiovasculares representan casi el 30% de las causas de muerte. Datos epidemiológicos de otros países sugieren que, después de los 65 años, entre el 10 y el 15% de las personas presentan angina en algún momento, y una cantidad similar puede presentar isquemia silenciosa.