Aterosclerosis
Glosario de Salud del Hospital Israelita Albert Einstein
CIE 10 - I70
CIE 10 - I70
La aterosclerosis es una inflamación caracterizada por la formación de placas de grasa, calcio y otros elementos en la pared de las arterias del corazón y de otras partes del cuerpo humano, como el cerebro, las extremidades inferiores, entre otras, de forma difusa o localizada. Se caracteriza por el estrechamiento y endurecimiento de las arterias debido a la acumulación de grasa en sus paredes, lo que se conoce como ateroma.
Con el paso de los años, estas placas crecen, estrechando el vaso sanguíneo, lo que puede llevar a una obstrucción completa, restringiendo el flujo de sangre en la región.
Como consecuencia, el territorio afectado recibe una menor cantidad de oxígeno y nutrientes, lo que compromete sus funciones. Esta complicación es la causa de diversas enfermedades cardiovasculares, como el infarto, la muerte súbita y los accidentes cerebrovasculares, representando la principal causa de muerte en todo el mundo.
En la mayoría de los casos, la aterosclerosis está relacionada con factores de riesgo tradicionales, como el sedentarismo, la alimentación inadecuada, la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y la obesidad.
Una pequeña parte tiene causa hereditaria, como en los casos de hipercolesterolemia familiar, en los que individuos de una misma familia presentan niveles muy altos de colesterol desde la infancia.
La aterosclerosis es una enfermedad peligrosa, ya que muchas veces su evolución es silenciosa. Algunas personas solo descubren la formación de placas de grasa cuando una arteria se obstruye completamente y el paciente necesita atención médica inmediata. Estas son las situaciones de infartos, accidentes cerebrovasculares e incluso muerte súbita.
Cuando presenta síntomas, estos dependen principalmente de la localización afectada. Cuando afecta al corazón, los más frecuentes son dolores en el pecho (sensación de peso, opresión, ardor o incluso punzadas), dificultad para respirar y sudoración.
En muchos casos, el diagnóstico ocurre en una situación de emergencia, como por ejemplo después de un infarto o un accidente cerebrovascular. Idealmente, todas las personas deberían acudir al médico para realizarse exámenes periódicos que permitan detectar y tratar los factores de riesgo para el desarrollo de la aterosclerosis.
A partir de la identificación de los factores de riesgo, es posible determinar el riesgo o la probabilidad de desarrollar la enfermedad. Los pacientes con alta probabilidad de aterosclerosis o con síntomas compatibles pueden necesitar una evaluación mediante exámenes más específicos, como prueba de esfuerzo, gammagrafía, tomografía o cateterismo.
El mejor tratamiento para la aterosclerosis sigue siendo la prevención, adoptando un estilo de vida saludable y tratando los factores de riesgo. Una vez establecida, el tratamiento de la aterosclerosis, en general, consiste en restablecer el flujo sanguíneo en la región afectada, siendo normalmente necesarios tratamientos con medicamentos, procedimientos invasivos y/o cirugías de revascularización.
Cuando afecta al corazón y sus vasos, por ejemplo, es fundamental el tratamiento farmacológico con el uso de antiagregantes plaquetarios (como la aspirina), estatinas, vasodilatadores, entre otros medicamentos. También se puede recurrir a la angioplastia y a la cirugía de bypass coronario, cuando están bien indicadas.
Al igual que con la mayoría de las enfermedades cardiovasculares, la mejor forma de prevención es mantener una rutina que incluya actividad física regular, alimentación equilibrada, abandono del tabaquismo y un bajo consumo de grasas y sal, además del control de los factores de riesgo para enfermedades como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el colesterol.