Trastorno disociativo de identidad (múltiples personalidades)
Glosario de Salud del Einstein
CIE 10 - F44
CIE 10 - F44
El Trastorno Disociativo de Identidad, tal como está clasificado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), anteriormente conocido como Trastorno de Personalidades Múltiples, se caracteriza por la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad.
Las identidades o estados de personalidad difieren en la forma en que cada uno se presenta. Cada identidad mantiene un “patrón” de percepción, relación y pensamiento.
El fenómeno se caracteriza por un mecanismo inconsciente que implica la segregación de un grupo de procesos mentales o comportamientos del resto de la actividad psíquica de la persona. Así, en este trastorno ocurre una interrupción de una o más funciones mentales, como la memoria, la identidad, la percepción, la conciencia y/o el comportamiento motor, por ejemplo.
Los datos sobre la incidencia son escasos. Sin embargo, los estudios muestran un patrón de cinco mujeres por cada hombre y/o nueve mujeres por cada hombre diagnosticado con el trastorno.
El trastorno puede estar relacionado con experiencias traumáticas en la infancia, siendo el maltrato la principal causa. Entre los adultos diagnosticados con la enfermedad, alrededor del 95% reportan traumas en la infancia. También existe la posibilidad de abusos físicos y sexuales como causas del trastorno; los relatos entre los pacientes son frecuentes. No hay evidencia de factores genéticos en su origen (hasta el momento).
Presencia de dos o más estados distintos de personalidad. Sin embargo, también están presentes otros síntomas, como evitación (inhibición social, sentimiento de inferioridad, inadecuación, etc.), embotamiento, síntomas somáticos y de conversión, estado de ánimo depresivo, inestabilidad emocional, síntomas obsesivo-compulsivos.
Niños y adolescentes pueden manifestar los mismos síntomas, con diferencias relacionadas con la edad y el estilo de vida. Muchas veces, solo con el relato de adultos cercanos es posible identificar el trastorno.
El enfoque principal es la psicoterapia, incluida la terapia cognitivo-conductual. El uso de medicación (fármacos serotoninérgicos) puede ser importante para el manejo de los síntomas depresivos y la estabilización del estado de ánimo. Los estudios también revelan la importancia de las terapias familiares, grupales y ocupacionales.
El pronóstico es desfavorable entre los pacientes no tratados. Suelen evolucionar y verse involucrados en situaciones de violencia, conductas antisociales y, en los casos más graves, suicidio.