Hepatitis virales
Glosario de Salud de Einstein
CIE 10 - B19
CIE 10 - B19
Las hepatitis virales afectan al hígado, un órgano del sistema digestivo responsable de la desintoxicación del organismo. Provocan inflamación en el hígado debido a la acción de virus, al uso excesivo de sustancias como el alcohol, medicamentos y drogas, o a enfermedades genéticas y autoinmunes. La hepatitis puede ser aguda, de corta duración, o crónica, persistiendo durante años, con síntomas que varían de leves a graves.
Existen cinco tipos más frecuentes de hepatitis virales, clasificados por letras del alfabeto: A, B, C, D y E. Las hepatitis A, B y C son las más comunes, y cada una tiene características propias, que incluyen:
Las hepatitis virales a menudo no presentan síntomas visibles en las etapas iniciales. Estos pueden variar según el tipo de hepatitis y la persona afectada.
La imagen muestra una mano con guante azul examinando el área alrededor de los ojos de una mujer con ictericia, uno de los síntomas de la hepatitis viral.

Cuando aparecen, los síntomas de las hepatitis virales suelen incluir ictericia, caracterizada por el color amarillento de la piel y los ojos. Esto ocurre cuando el hígado no puede procesar adecuadamente la bilirrubina, un residuo de la sangre. La fatiga es otro síntoma común, que puede variar de leve a grave y afectar la capacidad de la persona para realizar actividades diarias. Además, pueden presentarse otros síntomas:
El diagnóstico de las hepatitis virales se realiza mediante análisis de sangre que detectan la presencia de los virus o de los anticuerpos. La confirmación de la infección puede requerir pruebas adicionales, entre ellas:
Un diagnóstico preciso de la hepatitis viral es importante para determinar el mejor tratamiento y prevenir complicaciones a largo plazo
El tratamiento para la hepatitis viral varía según su tipo. El objetivo principal del tratamiento es reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo, como la cirrosis y el cáncer de hígado.
Para la hepatitis A y E, generalmente no se requiere un tratamiento específico. El cuerpo suele combatir el virus por sí solo. El descanso, la hidratación y una nutrición adecuada suelen ser suficientes.
En el caso de la hepatitis B, C y D, el tratamiento puede incluir medicamentos antivirales para controlar la enfermedad. Estos medicamentos ayudan a reducir la cantidad de virus en el organismo y a prevenir daños al hígado.
En algunos casos, si el hígado está gravemente dañado, puede ser necesario un trasplante de hígado. Este procedimiento consiste en reemplazar el hígado enfermo por uno sano de un donante.
Existen varias formas de prevenir la transmisión y la infección por hepatitis virales.
La vacunación es una de las formas más eficaces de prevención. Existen vacunas disponibles para la hepatitis A y B. La vacunación es especialmente importante para los niños, personas en alto riesgo, como los profesionales de la salud, y personas que viajan a zonas donde la hepatitis es común.
Además de la vacunación, la higiene personal y la seguridad sexual también son fundamentales. Esto incluye lavarse las manos con regularidad, consumir agua tratada y alimentos bien cocidos, evitar compartir objetos personales como cepillos de dientes y cuchillas de afeitar, y usar preservativos durante las relaciones sexuales.
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